20110611

La imagen indeseable

Me senté a hablar con él. Te lo juro. No tenía miedo, ni asco. No olía mal, y tampoco estaba tan mal vestido. Y aún siendo así, me sentía obligado a expresar mi sorpresa, o indignación. Tenía ganas de aconsejarlo, de mostrarle otras opciones de vida. Obviamente tenía algunos ticks nerviosos, y de cuando en cuando, dejaba colar alguna frase sobre Chávez (algo muy típico en los recogelatas), o se quedaba mirando al cielo, como si esperase ver una tetica por alguna de esas ventanas, o que alguien saltara al vacío.

Aún así, no me importó. De verdad quería confrontarlo. Quería hacer el mayor esfuerzo por adentrarme, por comprender cómo era posible, cómo había llegado a tal decisión. Si su convicción era producto de la locura propia del indigente, o si tratar de mantener esa certeza lo había llevado a la locura, y posteriormente a la calle. Tamaños desvaríos mentales pueden tener varios orígenes, distintas historias, múltiples trayectorias, que antes de disuadirme, me atraían más, porque estaba muy seguro de que detrás de esa presencia, existía algún fuerte simbolismo que me iba a marcar el resto de la vida.

Y pensar que yo iba tranquilo hacia el metro. No pensaba en otra cosa que adelantar las canciones del reproductor del mp3 (nadie entiende, ni yo, porque todavía no tengo un Ipod decente) hasta el disco de Unida, banda que descubrí hace poco a pesar de ser fanático del stoner rock. Ya cuando estaba punto de llegar a la carpeta anhelada, veo a este señor, sentado en el suelo, desvariando, y hasta diría que estaba contando a las personas que pasaban por delante de él, me imagino que para clasificarlas, impresionarse o por simple aburrimiento. Casi paso a su lado sin mayor alharaca, cuando me percato de una las imágenes más escandalosas que he visto en mi vida… Y ahí me di cuenta de qué tan mal estamos como sociedad. El hombre en cuestión llevaba puesta una franela de Bob Marley, sonriente, complaciente, enmarihuaniao, como es usual en las fotografías que circulan del maestro reggae, cosa que no me molestaba porque ya estaba acostumbrado, incluso me resultaba simpático, considerando al personaje que la portaba, hasta que me fijé en un detalle: Bob Marley, en la imagen, tenía puesta una gorra y una franela de los Navegantes del Magallanes…


Conversamos largo y tendido. Los detalles de la charla no son necesarios, sólo puedo decir que redefinió mi entusiasmo hacia los Leones del Caracas, y tendió puentes que no había visto. Sólo espero a que octubre llegue rápido para ir al estadio, y que algún transeúnte de ese mismo día no me robe la idea…

3 comentarios:

bo camuz dijo...

..era Jesus !

bo camuz dijo...

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Anónimo dijo...

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