20130625

Sobrecargado

   Allí estaba: con su vestidito ceñido, su cabello bien peinado y firmemente sujeto con una cola, dando las indicaciones de cuáles eran las salidas de seguridad, cómo inflar el chaleco salvavidas y señalando las luces en el suelo a todo lo largo del pasillo. Mientras giraba instrucciones, con su mirada perdida, quizás al fondo del avión, quizás mucho más allá, en el continente anterior, yo la imaginaba despertando sin nada de maquillaje, despeinada y con mal aliento, jugando truco con sus amigos o yendo a la playa con sus amigas, sacando la cerveza de una cava llena de hielo. Y así mientras iba de un extremo al otro del avión, con su uniforme impecable, verificando si teníamos los cinturones abrochados, yo la trasladaba al Junquito, con su gorrito y sus guantes de lana, comiendo fresas con crema y mirando juntos desde la cerca a los caballos resignados a pasear niños insufribles y malcriados… Nada más verla, con tanta gracia y elegancia desplazando el carrito de las bebidas, deteniéndose cada tres puestos para atender a los pasajeros, bastaba para enviarla inmediatamente a la pradera de mis sueños, donde había un hipermercado en el que ella escogía los ocumos más tiernos, las chuletas más rosadas, y su caja de Special K, escenario de ensueño, y yo, espectador en primera fila,  donde podía verla desfilar a la cola de la caja para pagar, contando uno a uno sus cesta tickets. 

Parsimonia

El cierre de la comitiva era casi a las seis. Sin embargo, yo aplicado caminaba por la calle, saltando enormes alcantarillas, algunas con canales, otras con fosos, y veía ascender sobre mí cualquier cantidad de personajes, unos más absortos que otros. Me calmé y me senté en una pequeña parte de una escalera que pude alcanzar, y desde allí  me encontraba presente y no lo estaba: y observaba, cuántos sombreros combinados con carteras, cuantos chicles pegados al zapato, las distintas geometrías de la desesperación, de la intranquilidad, así como los distintos rostros de lo unidimensional. Observé como existe el agavillamiento entre las palomas, y de cómo las narices y los senos son parte de una inmensa cordillera humana, que se encuentra en perpetuo movimiento telúrico. 

20130501

Una Mano

Tengo una mano, con cinco dedos
En cada dedo hay un nido
Aves distintas, distintos plumajes
Distintas formas de volar.
 Va y regresa sobre el lomo de cualquier perro
Se hunde en la arena
Ve a la rana cantando, y la mano se convierte en tarima
La eleva entre los arbustos
Se ilumina todo el escenario
 Y las aves ya crecidas en cada dedo, la acompañan en el coro
En su palma surcan ríos de impaciencia
Corren las curiaras con navegantes propios y extranjeros
Selvas que gritan en mil idiomas
Y la respuesta sagrada de un brioso caudal de tinta

20130210

Estrellitas de mar

Se visten con candidez y virtud
Para desfilar en pasarelas de vicio
Usando la desidia como perfume
Impregnando todo lugar, cada sitio
 Administra el bar de la esquina
Sirviendo a los borrachos de poder
Mientras otros limpian las mesas de vómito, sangre y desfachatez
 Quieres ser el mensajero de algo
Eres el edecán de la nada
Quieres ser la asistente del mago
Eres la secretaria manchada
 A donde conducen las metas del infeliz
Si no a hacer infeliz al ajeno
Mayor regodeo del servil
Que masticar sucios fardos de heno
 Se ajusta la sordidez como sombrero
Pesadas cuentas adornan tu cuello
Las ideas caen contra el suelo
Como esputos de un infectado camello
 Debes callar tus heridas
Sólo veo pústulas por palabras
Siempre abriendo tus cicatrices
Nunca sanarás esas llagas
 Atada al mástil del barco hundido
Sin siquiera haber llegado a alta mar
No conociste el placer de tierra firme
Pusilánime no aprende a bucear