20120501
La casa quebrada
Tengo una casa quebrada por la mitad. Tiene una grieta inmensa en el centro. Solía tener un hermoso cuarto, con libros, abrazos y un olor a velas aromáticas que llegaba desde la sala, pero también se quebró. Quienes visitan la casa ven con pena el suelo resquebrajado y, así como yo hago noche tras noche al llegar del trabajo, saltan y esquivan formando extrañas figuras para no tropezar. En la nevera tengo un cóndor que le falta un ala, y unas guajiras que miran con un solo ojo. También me queda un petroglifo que sostiene las llaves siempre inclinado, desbalanceado, y unas gorditas de Botero mostrando sólo el torso.
Cocino ricos platos, pero dado el desnivel, siempre doy traspiés, y terminan cayendo y pudriéndose dentro de la triste fisura. Cuando paso mucho rato en la casa, termino mareado, por lo que busco salir para recordar cómo es caminar derecho, o quizás para olvidarlo.
Y al regresar -un regreso inerte-, me encuentro con lo que solía ser la sexta mejor vista del mundo, ahora convertida en la primera peor vista de la casa, una casa quebrada por la mitad.
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